Tal y como argumenta Bélair (2000, citado por Pozuelos, 2004), la carpeta de
aprendizaje:
consiste en una recopilación secuenciada y ordenada de las distintas actividades
y tareas efectuadas por el alumnado a lo largo de una experiencia educativa.
Reúne, así, producciones que evidencian la evolución seguida desde el comienzo
del trabajo hasta su versión final y definitiva.
Dicho con otras palabras: “las carpetas de trabajos constituyen una estrategia educativa
que articula el proceso de enseñanza y aprendizaje a la vez que supone un modelo
alternativo de evaluación” (Pozuelos, 2004).
En relación a las características de una carpeta o portafolios de aprendizaje,
coincidiendo con Cano (2015) los principales rasgos son los siguientes:
I. Es un documento personal. El portafolio puede contener documentos diversos y
diferentes para cada profesor/a en tanto que cada uno decide qué trabajos son
más representativos de su trayectoria y aprendizaje.
II. Acumula documentación en relación con el ejercicio de la función docente.
III. A pesar de que el contenido es variable, la carpeta docente puede incluir:
-Trabajos substantivos en relación con los aprendizajes realizados, que hay
que pactar con el mentor/a.
-Temas adicionales relacionados con el aprendizaje realizado.
-Transferencias personales o profesionales de los temas trabajados.
Resumiendo, la carpeta de aprendizaje recoge cifras previamente contrastadas
acreditando todo lo que se dice. Debido a esto, dicha carpeta puede ser de una extensión
reducida y unos anexos donde se incluyan los documentos de los que se derivan las
afirmaciones realizadas en el portafolios (Cano, 2015).
Para concluir, los beneficios que aportan estos elementos educativos pueden ser vistos
desde dos puntos de vista: profesorado y alumnado.
Gracias a esta herramienta, el docente tiene un conocimiento bastante preciso de la
evolución de los conceptos aprendidos del alumno. Esto genera un feedback, que se
actualiza con bastante frecuencia y ayuda a las dos partes a mejorar su rendimiento y el
flujo de información. Es una forma de crecer y madurar académicamente para los
alumnos e incrementar su responsabilidad. Además aporta cierto grado de motivación y
compromiso al alumnado.
En definitiva, ayuda a “reflexionar sobre lo que hago, para qué lo hago y cómo lo hago.
Fomenta el pensamiento crítico aplicado a la enseñanza” (Cano, 2015).
"La tarea del educador solo puede tener como base la normalización del niño y así conseguir la normalización del hombre y la renovación de la sociedad"
Maria Montessori
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